
Dudaba si emprender una nueva batalla; algo le oprimía; cansado tras varios combates, se preguntaba si merecía la pena luchar de nuevo; su cuerpo maltrecho arrastraba demasiadas cicatrices, no sabía si resitiría más, mientras tanto, se ocupaba en mil labores para alargar el tiempo antes de tomar una decisión. Ahora que realmente empezaba a vivir en la dulzura del día a día, le convocan a la lucha; ha engrasado la espada, inspeccionado el lugar, consultado a otras gentes; ahora, se dice, estoy preparado.



