martes, 2 de noviembre de 2010

El huésped del asfalto

Tela de colchón

1974

José Maria Molina

Técnica mixta sobre
tela
Desde la ventanita se divisa la montaña.Dicen que anoche nevó allá en la sierra.
Miro al suelo, veo la tela naranja chillón salpicada de franjas rojas destacando entre el verdor acuoso de los árboles y el gris ceniza del día adornado por gotas suspendidas en el aire; me ha parecido que algo se movía.Vuelvo a asomarme, me han dicho que hay alguien por ahí. Una figura de hombre joven y camiseta mojada por la humedad empieza a sacar telas de debajo de la lona, esta vez es un mantel a cuadros, luego sigue sacando trapos que le habrán servido para aislarse de la humedad del suelo. Alrededor del improvisado toldo, más capas apiladas para conformar casi un perfecto refugio. A unos pocos metros, un viejo almacen de hierrros parece languidecer olvidado de todos, mudo de su ruido característico.No hay ningún perro alrededor. El hombre está solo. Ni un fuego ni nada parecido a lo que pueda ser un hogar provisional. Desde arriba su soledad parece mayor.A la izquierda, columpios de colores hoy olvidados por la tristeza del día ; no hay niños, ni juegos infantiles. Cierto pudor me hace retirarme de la visión de aislamiento perpetuo. Cierro la ventana sin hacer ruido.

domingo, 24 de octubre de 2010

Inestabilidad

Corriente de fuerza
1972
Albert Rafols
Casamada
Técnica mixta
sobre lienzo
Notó que sus dedos empezaron a convertirse en conductores de impulsos eléctricos, los de las manos, los de los pies.Un cierto desequilibrio al andar le hacía olvidarse del exceso de peso, se diría que casi flotaba cuando paseaba en los escasos días sin viento; recordaba las descripciones de cómo caminar sobre un lago helado para que el hielo no se rompiera. Baja los hombros, relaja, apoya el talón luego los dedos, primero un pie, luego el otro, relaja.Caderas y piernas conformaban un todo que parecía vivir independiente de la parte superior de su cuerpo mucho más tensa y bulliciosa. Asustada por lo que pudiera ser algo más que un fenómeno sobrenatural, lo atribuyó a la presencia, hacía varios días, de nubes de algodón que en ocasiones se teñía de un oscuro gris pesado.
Ahora sabía que vendrían las lluvias

lunes, 18 de octubre de 2010

Impiedad

Corazón de Jesús en vos confío

Luis Gordillo
1992

Acrílico sobre papel
sobre lienzo sobre
madera



Todo está negro, un halo verdoso, fluorescente, se convierte en única presencia alterando el posible sueño infantil que no llega; ni una rendija de luz; sólo la figurita alargada de cara difusa que sostiene algo entre sus manos es protagonista absoluta de la noche. El niño, despierto y asustado, aprieta la colcha con sus manos; mira de reojo esa luz extraña empeñada en reinar en la pesada oscuridad mientras un duende juguetón y sonriente le coge de la mano conduciéndole a un lugar luminoso.

lunes, 11 de octubre de 2010

La luna y la nube




Envidio tu ligereza, dijo la luna hinchándose.
Yo tu luz dorada, contestó la nube, pero mañana desapareceré.

Me engalano solo unos días para que me vean los hombres,
unos más, otros menos.

En eso te admiro, yo estoy a merced del agua,
a veces, se eleva al cielo y aparezco yo, apenas rozándolo.
Desaparezco pronto; pesa el estar suspendida en el aire.

A mí no, aunque echo de menos cuando me falta esta luz
Dicen que esta noche se verá Marte junto a mí.
Luciré hermosa.

No sé si podré acompañarte, mi vida es tan corta.

Dejamé que siga admirando tu fugacidad, tu capacidad para disfrutar de cada minuto.

domingo, 3 de octubre de 2010

Abandono

Antoni Muntadas
heliografía
1974





El lienzo estaba tan limpio que durante varios días no se atrevió a mancharlo por lo que pudiera ocurrir que a veces, los pinceles parece que los carga el diablo, además hacia tanto calor…; temía que la pintura se estropeara; como si no supiera que el aceite repele al agua, pero ¿y al sudor?; se permitió un largo descanso esperando que pasara el pegajoso verano por si acaso, de nuevo, volvía la inspiración, abandonada durante un período repleto de visitas, amores, playa y siesta interminable. Descuidada y casi humillada se resistía a presentarse de nuevo en su vida.
Casi de madrugada, se levanta, nerviosa, coge el pincel y descubre la maravilla de su autónomo trazo, la cremosidad, las luces que le ofrecen los colores, ya rendidos, al latir ansioso de su corazón y de su mano.

domingo, 26 de septiembre de 2010

Novedades

Mano en rojo

Pintura acrílica sobre
tela
1965

Luis Gordillo


Esta mañana se levantó tan tonto que no se mostraba, se escondía. Ayer, alguien invadió su rutina particular. Estoy empezando a sospechar que tiene algún tipo de sentimiento desconocido o que los celos no le dejan vivir. Esos roces ansiosos y rápidos le desconciertan de tal forma que casi es imposible establecer una conexión decente con él. Temo que harto ya de tantas novedades un día se plante, me abandone para siempre, o quizá sea que prefiera el toque de las manos jóvenes y ágiles de uñas carmesíes. Cosas de la informática.

miércoles, 15 de septiembre de 2010

Adiós a Harry

Gato y pájaro

Paul Klee

1928


" Cuando los gatos sueñan, adoptan actitudes augustas de esfinges reclinadas contra la soledad, y parecen dormidos con un sueño sin fin; mágicas chispas brotan de sus ancas mullidas y partículas de oro como una fina arena vagamente constelan sus místicas pupilas."- Baudelaire

lunes, 6 de septiembre de 2010

Desamparo

Pescadería
Franz Snyders
S.XVI, S.XVII
Museo del Hermitage
San Petersburgo
Rusia
Quedó en su nariz ese olor a pescado que lo impregna todo; el mármol marrón se convirtió en la transitoria casa de esos seres escurridizos que aún respiraban en una larga agonía entre agua salada y restos de sangre; retumbaban las voces de los vendedores en la antigua pescadería de techos muy altos, envueltas sus manos en gruesos guantes de goma verde, sus pies con botas del mismo material para no resbalar con las aguas pestilentes que rezumaba el hielo acumulado para mantener su frescura.
Allí se vio rodeado de seres de altura superior y brazos enormes, sus ojos apenas llegaban a ver lo que exhibía el mostrador pétreo. Los ojos de los peces le miraban asustados. Aunque se pusiera de puntillas, su asidero se había esfumado.
Cuando un gigante vestido de azul y gorro blanco le preguntó si se había perdido, el niño, ajeno a sus palabras, miró sonriendo a la mujer que gritaba y corría hacia él con los brazos abiertos para propinarle una enorme bofetada.

viernes, 27 de agosto de 2010

Feria de Almería 2

Al atardecer


Casetas














Atracción






Caseta CNT







Grafiti








Caseta con mensaje






Vértigo



























Globos



Luces góticas











Luces







Concierto de

David Bisbal








Portada

















domingo, 15 de agosto de 2010

Sin palabras

Arena, estrella, miel.
1999
Técnica mixta sobre
papel.

Francisco Celorrio


Su mano izquierda fue desplegando uno a uno los dedos, con la otra dos más. Sin decir nada las levantó para que la muchacha de la ventana del edificio de enfrente que en ese momento limpiaba los cristales balanceando sus senos al compás de los delicados movimientos de sus brazos, supiera que le estaba pidiendo una cita a las siete de la tarde, cuando él abandonara el cemento, el ladrillo y la odiosa carretilla en ese agosto tórrido poco dado a demostraciones amorosas.
Decía él que se atrevió por la distancia, para responder a la chulería de los demás albañiles que entre risas y jaleándolo le animaban a tal atrevimiento.
Se sorprendió cuando a la salida de la obra allí estaba ella, acicalada, luciendo sus mejores galas, redonda y sonriente como una manzana.
Varios meses disfrutaron de cine, paseo y algunas caricias clandestinas.
La insistencia de ella en vestirse de blanco y presentarle a su familia hizo que él huyera una tarde del siguiente verano, ya menos tórrido, diciéndole que quería ser libre, que le gustaba estar a su aire.
Al día siguiente, puntual como siempre, ella esperaba junto a la hormigonera. Mirándole con odio arrojó al suelo arenoso la cadenita de plata regalo de su amor de la que colgaba una estrella de David.
Ese agosto sus ojos no volverían a deleitarse con el dulce vaivén. La ventana permaneció cerrada hasta el final de la obra.
Mientras, él miraba los cristales añorando otra cita, quizá mañana, a las siete.