lunes, 24 de junio de 2013

El cielo de San Juan


Ayer, una luna espléndida, rechoncha, amarilla, se resistía a alejarse de aquel tejado al que sólo le faltaba un gato contemplándola. Un poco impresionados por esa visión tan sugerente bajamos el tono de voz antes de que ella abandonara el traje dorado que lucía; parecía querer celebrar la noche de San Juan, acercarse más a la playa cuajada de hogueras, lucir toda su hermosura antes de que una luz blanca la inundara haciéndola más pequeña e inaccesible. En vano, de nuevo miramos por si ella seguía allí vestida como antes, pero no, ahora estaba mucho más lejos, alejada ya del humo, del susurro de voces lejanas. Luego, asombrados intentábamos descifrar que eran aquellas lucecitas tenues que se desplazaban con lentitud por el cielo, haciendo un guiño  luminoso, continuo. Alguien comentó que podrían ser farolillos chinos. Se  cuenta que llevan un deseo escrito en su interior, se elevan con una pequeña llama, surcan el cielo con delicadeza para ir a morir cuando ésta  se apaga, en cualquier sitio.
No se rompió aquella calma cuando empezaron los fuegos artificiales, más lentos, más silenciosos que otros años, como si todos se hubieran puesto de acuerdo  para no molestar, ni interrumpir esa languidez contagiosa que por unas horas  se adueñó de la ciudad y de todos sus habitantes.

 
 
 
Salida de la luna sobre el mar
óleo sobre lienzo
1821
Caspar David Friedrich
 

jueves, 23 de mayo de 2013

Llamaradas


Se despertó por  el olor a tostada quemada, a plástico chamuscado. Miró por la ventana. El humo  salía de la casa del vecino ausente. Alertado y miedoso avisó a los bomberos,  a todos los vecinos, a la agente que había alquilado el piso ahora vacío. Llegó vestida con una faldita corta de color verde con volantes, un escote demasiado generoso  que dejaba asomar carne sobrante, resistente a quedar aprisionada en esa tela rojo chillón  de la camiseta. Brazos gordísimos, muslos rellenos,  tacones muy altos. Demasiado atrevida para su edad. Los labios, gordos, desproporcionados, operados, pintados de  rosa chicle brillante; los ojos enmarcados por líneas negrísimas que endurecían su mirada. Ella, seguida por todos, caminaba  segura de sí misma, moviendo su pelo  rubio de bote al ritmo del  balanceo de sus caderas. Bajaron por la escalera hasta acceder al portal.
En la calle, un hermoso grupo de bomberos esperaba órdenes, ya habían subido la manguera y puesto a funcionar un ventilador para extraer el humo. Él los miró. Sonriendo, todos miraron al mismo punto.
La agente pasó cautelosamente junto a la salida de aire;  la falda,  levantada hasta el cuello, dejó al descubierto unas  bragas blancas, grandes,  estampadas con lunares de todos los colores; la prenda oprimía el enorme culo dando mayor magnitud a sus piernas convertidas ahora en pilares, manteniéndola en pie milagrosamente.
Orgullosa de su físico, sacó pecho,  parecía más alta cuando todos los ojos posados en ella la convirtieron en  protagonista  de aquel pequeño incendio.  
 
 
Fuego en el corazón
Janet Ponce
acuarela sobre papel

lunes, 6 de mayo de 2013

Kjell Pahr Iversen en el Museo de Almería


¿Qué es el ser ante el color del mundo?

El color del mundo es mayor que el sentimiento del hombre.

¿Yo he nacido para sentir y expresar el color del mundo?

Me tachan del color del mundo. Pues, ¿qué es el mundo más

que color (luz y color, color y sombra, sombra y color)?

Cuando yo digo color, digo  espíritu.

Ante el color del mundo desaparezca todo lo demás.

Color del mundo y silencio.

 
Juan Ramón Jiménez
"El color del mundo"
 de las prosas de La colina de los chopos
 
 

 
 
 

 
 
 

 
 
 

 
 
 
 
 
 
 

 
 
 

 
 
 
 

 
 
 




 
 
 
 

viernes, 5 de abril de 2013

Desde el balcón en Laujar


Su grandeza quedó oculta tras las ramas desnudas. Se oía el canto extraño de un pájaro desconocido, invisible a sus ojos. Ya tiraron sus hojas esos árboles que seguramente en primavera renacerían milagrosamente; mientras tanto, su altura los convertía en dueños de aquel paisaje vestido todavía de invierno, aunque las  delicadas gardenias se mostraban casi lujuriosas por su color rojo, su sencillez provocativa a pesar de su poca altura casi rozando el suelo. La nieve, lejos, muestra otro misterio, el del silencio absoluto, cercano a la muerte, suavizado por un ligero resplandor blanquísimo, azulado, frío.
Contempló esa tarde la última exhibición de aquellas nubes  suaves y algodonosas. Respiró un aire tan puro, tan ajeno a su rutina que no sabía si su pecho podría  soportarlo. Cerró los ojos. Ahora entendía porque los viejos eran tan felices en aquel lugar que rozaba el cielo, hoy, ocupado por una luna rechoncha, atrevida, desafiante ante el azul salpicado de estrellas, aquellas que en la ciudad nunca se mostraban.
 

miércoles, 13 de marzo de 2013

Federico Castellón en el CAMA

 
      
 
Todo camino que conduce a la perfección es acertado, y cada artista no debe ir más que por uno de esos caminos, el suyo propio. Debe ser creador y maestro de su propio arcano.

Stefan Zweig
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

 
 
 
 
 
 
 





 



 
 
 
 
 

 
 
 
 
 

martes, 19 de febrero de 2013

Una dama fastidiosa

Hoy una niebla bajísima cubre los edificios, la raya del mar ha desaparecido, todo está envuelto con un velo de misterio; las almas dormidas se resisten a levantarse, tal es el estado melancólico que como una epidemia ha traído la sigilosa dama a la ciudad.
María nota como sus músculos se resisten a despertar, apenas puede moverse, necesita el agua tibia que la espabile mientras la nube implacable cubre totalmente su terraza desdibujando el contorno de las hojas, de las flores, del ala del pájaro que se refugia en los huecos de la fachada, tampoco se atreve a salir la lagartija adicta al sol; sólo las luces borrosas de los coches ponen un punto de luz sobre el asfalto humedecido; y ella, estirándose despacio en la cama empieza a pensar si no se estará muriendo, que esa humedad cruel no deja de fastidiarla, que marzo debería adelantarse porque la primavera siempre la salvó de caer dentro de un túnel de desesperanza.
 
Niebla
Ana Peters
1998
óleo sobre lienzo
 
 

jueves, 31 de enero de 2013

Lectura


Su voz grave, tan masculina, contrastaba con las dulces palabras escritas por aquella mujer que una noche le llamó pirata; hacía pausas donde debía hacerlas envolviendo las palabras como si estuviera preparando un delicado regalo.
Era el momento preciso y perfecto para empezar a leer aquel libro abierto en un atardecer repleto de rojos  con el mar en calma.
El hombre leía como a ella le gustaría hacerlo, sin prisa, respirando correctamente,  embelesado por el hermoso lenguaje.
Ahora sintió  que él ya no le pertenecía así que en un arranque de celos le arrebató el libro de las manos para seguir ella con una lectura torpe, fea, sin sentimiento.
Su rostro avergonzado enrojeció diluyéndose entre los colores del sol moribundo de aquella tarde de enero.

 

 

domingo, 6 de enero de 2013

En el mundo del Año Nuevo, un poema de Je Chun Park

Ilustración de Park Hang-Ryul

 
 
En alguna parte del mundo donde vivimos

alguien siembra el polvo para verlo florecer

pulimenta el ladrillo para hacer una aguja, limpia  el sol

para convertirlo en un espejo, escarba  en las tinieblas

buscando un traje nuevo para el corazón

 

En alguna parte del mundo donde vivimos,

alguien encarga, también  hoy, a las aves que trasmitan las

palabras del cielo

y encarga, además , a las hierbas que expresen las palabras
 
de la tierra.
 

 

En alguna parte del mundo donde vivimos,

alguien dice, también hoy, que la luna es la luna, que  el

ciervo es el ciervo;

busca las estrellas escondidas fuera del cielo, las  islas

acurrucadas dentro de la sangre

y cuenta adecuadamente los seres vivos que aparecen y los

que desaparecen.

 

En alguna parte del mundo donde vivimos

alguien observa, también  hoy,

cómo cambiamos nuestros rostros cada día,

poniéndonos, a veces, cuatro  ojos o seis orejas o diez

lenguas.

 

En alguna parte del mundo donde vivimos,

alguien vigila, también  hoy, las esquinas

de los países del infierno, de  los demonios, de los diablos

y las bestias

e ilumina con total claridad el camino por donde vamos

corriendo hacia esas regiones.

 

En alguna parte del mundo donde vivimos,

alguien espera, también  hoy,

que los hombres vivan como hombres de bien en el Año

Nuevo

y ruega en voz alta que lo acojan como un año nuevo.


 

sábado, 15 de diciembre de 2012

Rocas


Posó sus pies doloridos en la arena blanda; hoy no hacía viento, el sol  iluminaba todo con agresividad, calentaba la roca escarpada que parecía morder el cielo con su negrura hecha a base del paso de los siglos. Sin presencia humana permanente, su forma extraña era el resultado de períodos de soledad solo interrumpidos por el fuerte o suave batir de las olas sobre ella, según soplara el viento.
Aquella mañana, detenido el tiempo, reinaba un silencio casi total, sólo el ruido del agua salada deslizándose en la arena brillante rompía ese estado de misterio, ajeno al ruidoso mundo que bullía unos kilómetros antes.
Sintió un poco de miedo. No estaba acostumbrada a esa grandeza visual ni a la solitaria contemplación de tanta belleza; se encogió su cuerpo entero. Un raro sentimiento de felicidad que no duraría siempre, le hizo respirar conscientemente, atrapando sus células el momento especial, repartiéndolo por toda su sangre.
Luego, partió apresurada, esa sensación excesiva podría matar su débil corazón.


 
Playa de Mónsul
 

miércoles, 21 de noviembre de 2012

Noviembre en el Parque

Las Negras

 
 
 
 
 
 
 
Rodalquilar  El Playazo
 
Lo que el mar devuelve
 
Abandonos
 
 
 
 
La luz
 
Desde mi habitación
 
 
Azules en el hotel
 
 
 
La Isleta del Moro desde la Loma
 
 
Flamencos
 

lunes, 29 de octubre de 2012

De nuevo el agua


Nos sorprendió la lluvia. La luz se volvió más grisácea como si intercambiara el gris del asfalto con su resplandor tan blanco; así, éste se convirtió en el espejo donde se miraban de reojo los madrugadores,  sus pisadas se desdoblaban,  sus sombras se hacían más estilizadas. El gato que maullaba como un bebé ha desaparecido. Puede ser que alguien lo haya acogido en su regazo y no tenga ya que acercarse a la farola para recibir calor ni despertar las conciencias por un abandono tan evidente.
Se ha refrescado la losa roja de la terraza. Se limpió el polvo africano. Las flores parecen agradecer la delicadeza con que cae el agua y tiemblan sin pudor. Sobre el muro, sacude las alas el pájaro ocupa.
El mar, a lo lejos, tiene ya el color del frío contrastando con el  matiz rojizo de algún edificio que nos recuerda a las casas africanas.
Esta lluvia tan esperada empieza a llevarse la melancolía.