Alberto Burri

Tras la puerta de la cocina colgó la bolsa negra, ya usada, convirtiéndose ésta en recipiente improvisado para cartones de leche, anillas de latas de cerveza, envases de embutidos pringosos, bandejas blancas y de otros colores de un material llamado porexpan, envolturas de verduras irradiadas, latas de refresco, envases de líquido de lentillas. En unos pocos días casi revienta.Ojalá su dueña se acuerde y la baje al contenedor amarillo.
Un día de intenso calor, dándole el sol mañanero en plena panza, notó como sus entrañas se derretían tornándose una masa pegajosa en movimiento; adhiriéndose a todo lo que encontraba a su paso, convertia los diferentes objetos con los que se topaba en un todo viscoso.
Cuando abrió la puerta algo le impedía seguir adelante, esa masa que se retorcía le atrapó de tal forma que no podía moverse.
