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sábado, 24 de mayo de 2014

Atadura


Y ahora que los alfileres dorados empiezan a oxidarse y el tul puro amarillea, huye con los pies descalzos, la cabeza fría, el corazón encogido, rompiendo el bastidor que le apretaba la carne hacia montañas más altas  donde desplegar sus alas maltrechas, ensangrentadas, buscando en el cielo la libertad perdida.

 
 
 
Aracné
 
obra  de Carmen Sicre
 

jueves, 13 de febrero de 2014

Eclipse

  Toma la tela entre sus dedos; la frota suavemente, parece estar viva, emite una luz azulada.
Ahora, él es un caballero vestido con decencia. Ella, subida sobre el escalón del portal parece más alta. Desde allí, le ve  postrado a sus pies, pequeño, insignificante.
El agua de la fuente llena el espacio de un agradable sonido.
Mirándole desde arriba, piensa que el tiempo no ha borrado la sonrisa infantil ni el aire pícaro que le daba un aspecto equivocado. En la calle, voces, personas que vienen y van sin rumbo, miradas curiosas, disimuladas. Ellos, aislados en la burbuja azul, se hacen invisibles, vuelven a la adolescencia, a aquella calle llamada antiguamente de la seda; hoy, sus cuerpos se elevan hacia el cielo negro, misterioso, refugio de soledades.
 
 

 

miércoles, 31 de agosto de 2011

Su inspiración

Mujer quitándose la
camisa


tinta sobre papel


1924,1925




José de Togores
Paseaba nervioso por la estancia de losas de colores; nada le inspiró aquella tarde de verano; el ventilador no aliviaba el calor asfixiante. La inquietud de saberse seco le provocaba un enorme desasosiego. Pasó más o menos una hora cuando el rayo de sol empolvado desapareció de la pared de cal. La puerta se abrió con pereza. Ella se dejó ver. Esta vez sí se despojó lentamente de su ropa, una a una caían las prendas un tanto ajadas al suelo. Él la miró con ojos asombrados, perplejo y nervioso al descubrir aquel cuerpo totalmente picassiano atravesado de líneas rectas rotas, torcidas.
Cogió el pincel con delicadeza mojándolo con cuidado en la pintura bermellón reseca y polvorienta. Esbozó con soltura en el lienzo ese cuerpo nuevo mientras una lágrima salada resbaló por su rostro compasivo.

domingo, 15 de agosto de 2010

Sin palabras

Arena, estrella, miel.
1999
Técnica mixta sobre
papel.

Francisco Celorrio


Su mano izquierda fue desplegando uno a uno los dedos, con la otra dos más. Sin decir nada las levantó para que la muchacha de la ventana del edificio de enfrente que en ese momento limpiaba los cristales balanceando sus senos al compás de los delicados movimientos de sus brazos, supiera que le estaba pidiendo una cita a las siete de la tarde, cuando él abandonara el cemento, el ladrillo y la odiosa carretilla en ese agosto tórrido poco dado a demostraciones amorosas.
Decía él que se atrevió por la distancia, para responder a la chulería de los demás albañiles que entre risas y jaleándolo le animaban a tal atrevimiento.
Se sorprendió cuando a la salida de la obra allí estaba ella, acicalada, luciendo sus mejores galas, redonda y sonriente como una manzana.
Varios meses disfrutaron de cine, paseo y algunas caricias clandestinas.
La insistencia de ella en vestirse de blanco y presentarle a su familia hizo que él huyera una tarde del siguiente verano, ya menos tórrido, diciéndole que quería ser libre, que le gustaba estar a su aire.
Al día siguiente, puntual como siempre, ella esperaba junto a la hormigonera. Mirándole con odio arrojó al suelo arenoso la cadenita de plata regalo de su amor de la que colgaba una estrella de David.
Ese agosto sus ojos no volverían a deleitarse con el dulce vaivén. La ventana permaneció cerrada hasta el final de la obra.
Mientras, él miraba los cristales añorando otra cita, quizá mañana, a las siete.

lunes, 12 de octubre de 2009

Risa y música. La negra flor, versión de Fito y Fitipaldis.

El humo se agarraba pegajosamente a la ropa, la cara, el pelo, impregnándolos de un olor acre mezclado con la música en los sótanos de tubos fluorescentes . Tú y yo bailábamos las últimas canciones, esas rendijas de aire fresco. La risa nos salvó del llanto previsible cuando tu cuerpo de alegres y extraños movimientos se escapaba del control de lo medido y calculado. Así, la suma de tanta soledad conformó casi un sentimiento amoroso, inspirador de una ilusión forzada.

sábado, 10 de octubre de 2009

Dama traidora



Dicen que la dama blanca le atrapó con sus artes sinuosas. Ya no existía el tiempo ni el paso lento, sólo el corazón desbocado y el ansia insaciable.
Rayas blancas esparcidas sobre la mesa y la pupila abierta. Orificios preparados para recibir sus falsos dones.
Le robó furtivamente cuerpo y alma, su espacio se llenó de nieve.

sábado, 19 de septiembre de 2009

La bienvenida

Sin título

1981, óleo sobre cobre

Salvador Dalí

Museo nacional Centro de
Arte Reina Sofía

Se acercó a la puerta de la habitación con una bayeta en la mano para decirle que se alegraba muchísimo de verle, que hacía tiempo que no sabía nada de él; sus ojos delataban el arrobamiento que le producía cuando él le preguntó si ahora era morena; ella le dijo que no, que nunca había sido rubia, que las canas le obligaban y que el color más parecido al suyo era éste."Pues te queda muy bien", dijo él."La gente me decía que si era francesa", dijo ella sin dejar de mirarlo."Pues eso, que no sabes lo que me alegro de verte", repitió ella."Yo también", dijo él, con una expresión distinta, más seca y tímida.
En el piso de arriba el casero, su marido, preparaba una factura en un despacho cutre atendiendo a sus clientes con cierta chulería. La llamó con urgencia y una voz desagradable.
Ella se despidió diciendo que la crisis se notaba y de nuevo le repitió que se alegraba de verle.
En su interior el cliente pensaba que siempre le había gustado a esa chica y que su marido era un gilipollas.

domingo, 14 de junio de 2009

Principio y fin

Habitación,
José Manuel
Ballester
1998




La estrechez del espacio no les impidió trazar un perfecto nudo convertido en línea borrosa y diluida por la lluvia y su sonido insistente. El suelo frío era buena base para el principio de algo.
Una noche miró en todos los rincones.En la barra del bar, llena de caras conocidas, alguien le contó que se había ido.Un hondo vacío se instaló en su interior. Aún llora.

domingo, 24 de mayo de 2009

Beso 5

En un lugar de Portugal
foto de Quica Valls




Su inamovible figura fría y gris se conmovió con el roce del beso de espuma blanca, pura y sin trazo perfecto.

viernes, 22 de mayo de 2009

Beso 3, beso 4

Llanto
Miguel Rodriguez
Acosta
1985, óleo sobre lienzo

Beso 3. En un alarde de valentía se atrevió a beber una breve lágrima escapada de una noche interminable.
Beso 4. La cámara vieja y gastada besó su figura, robando en blanco y negro el instante perfecto antes del adiós momentáneo.

sábado, 16 de mayo de 2009

Beso 2

El lóbulo perfecto, demasiado visible y bello para ignorarlo, le invitaba a detenerse un buen rato esperando algún milagro que le devolviera su dádiva

Beso 1

El beso
Manuel Miralles
tinta sobre papel,1953-
1954

Más allá del perfil de su hombro ondulado y casi de mármol añoraba sobre todo la línea de su párpado cerrado mientras un beso se escapaba sin miedo de su boca para posarse suavemente.

jueves, 16 de abril de 2009

Cautivo

Acuarela de Rafael Gadea
Se ofrecían cuerpo y alma al amor asombrado. Él se consagró totalmente. Su rostro, a veces dejaba ver el cansancio y el hastío de ese cariño que le despojaba de casi todo excepto de su mutua pasión. Ella, vivía ajena y feliz. El tiempo acechaba para dar el zarpazo certero que los destrozara.

viernes, 10 de abril de 2009

regalo

Mujer leyendo
Francisco Bores
1958,aguada sobre papel
Museo Nacional Centro de Arte
Reina Sofía
Alguien tocó a la puerta. Un desconocido entregó un paquete envuelto en papel rojo.Un libro con un hermoso poema en la solapa, le decía un adiós triste y esperanzado escrito con su mejor caligrafía.Cogió su maleta, su libro y su roto corazón para subir al viejo autobús que le llevaría a la gran ciudad.

martes, 7 de abril de 2009

El caballero

Salvador Dalí
El caballero de la muerte

1934, óleo sobre lienzo

Un señor vestido con capa negra, se presentó envuelto en una mágica luz dorada. Ella, con un vestido rojo, deslumbrada, le dio el sí. Pasados los años, esa luz integrada en su cuerpo empezó a apagarse; tomó su traje un color encarnando pardusco, perdió su brillo de satén.
El negro de él cambiaba a un grana sangre.
Ella, se miró al espejo , el cabello rubio ahora se tornaba azabache; sus ojos, marrón miel adquirían un tono carbón mate enmarcados por ojeras grisáceas; la mirada, descubría un mundo tenebroso, lleno de sombras.
En un rincón, la observaba envuelto en un halo carmesí riéndose de su silencio.
Los vecinos murmuraban; hacía tiempo que no la veían pasear al sol.
El recorría las calles con su capa rubí gritando su nombre