escultura en acero
Louise Bourgeois

Cuando el olor a mandarina inunda la habitación piensa en qué sádico momento colocaron el recipiente de cristal que reseca mucosas, lágrimas, y disimula los malos aromas del tabaco; hasta los mosquitos se enamoran de su color luminoso o se espantan con el reflejo de sus alas casi rotas en el cristal, aumentadas de tamaño cuando se acercan a la bola mágica. Mientras, la araña amarillenta se arrastra con prisa y desorientada por la pared donde tejió su perfecta red ahora destrozada, desaparecida por el ímpetu de la bayeta asesina, buscando un lugar donde tejer su mortal trampa.
