óleo
Adolph Gottliieb
Centro de Arte Museo
Reina Sofía

Tras el tratamiento a que fue sometida por manos expertas la dama se internó en un laberinto húmedo y oscuro que la acogió con alegría, se deslizó hacia sitios inaccesibles y secretos donde impuso un desorden a veces necesario transformando a su anfitrión en un dios locuaz, alegre y comunicativo, más sensible a la música y a las sensaciones carnales incluso a las demostraciones de cariño que en él eran algo escaso e infrecuente.Por eso, le extrañó cuando un señor de bata blanca lo citó para reconstruirle el tabique nasal y otro, le comunicó que sufría de alucinaciones recetándole más drogas de las que nunca llegó a consumir.
