Giuseppe María Crespi
1725,óleo sobre lienzo
Civico Museo Bibliografico Musicale
Bolonia

Con entusiasmo recuerda a su padre, muerto no hace mucho, y su hermosa librería. Aunque nunca estudió, solo aprendió lo imprescindible, de pequeña le preguntaba dudas sobre cualquier tema . Mi padre casi siempre sabía la respuesta, me cuenta orgullosa, y si no la sabía me decía: voy a mirarlo y luego te lo digo. Allí, entre libros, libretas, revistas, lápices y gomas aprendió lo que antes no pudo en tiempos que eran difíciles. Soñaba, leía, incluso abría algún día de fiesta embriagado por el aroma a papel impreso y seducido por esas historias que siempre estaban ahí para que él pudiera cogerlas.
Su preciosa actividad terminó cuando las deudas obligaron a cerrar el negocio. La tristeza se apoderó de él adaptándose a la rutina odiosa de la que nunca pudo escapar. Sin avisar, se lo llevó para que no viviera lo que había imaginado y leído. Hoy el olor del papel nuevo sigue inundando la casa cuando su niña llega del colegio con los libros recién comprados. El abuelo se escapa y se cuela de vez en cuando entre el material escolar para seguir disfrutando de sus queridos aromas.
2 comentarios:
...un poco triste...pero hermsoso como esta esctrito abrazo
Gianna,realmente lo que me gustó de esta historia es el entusiasmo y el amor que aprecié en la persona
que me lo contó.No lo encuentro triste porque el hecho en sí no lo es aunque luego esa persona nos dejara.Un abrazo.
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