viernes, 19 de agosto de 2011

Hombre impasible





Hombre sentado

Luis Castellanos



1930
Sentado en la silla de anea, inmóvil y mudo casi como un muerto, miraba con sus ojos claros a los clientes; su vida se había convertido en una contemplación permanente de las entradas y salidas de ellos a través de la cortina de hilos metálicos de colores; a veces, abría un poco más sus fosas nasales, aspiraba el olor a patata casi podrida, a verduras pasadas que en cajas de plástico mugriento esperaban que alguien las comprara. No se inmutó al observar el desorden, la suciedad acumulada, el polvo pegajoso casi blanco de viejo, que nadie retiraba. Hasta el gato que alguna vez que otra cazaba ratones apareció un día inmóvil en la puerta, tieso y más delgado que nunca. Allí casi nunca entraba la luz, ni el aire, todo se cerraba por el calor.
Alguna vez pareció iluminarse la estancia cuando su nieto entraba gritando, tocándolo todo y con descaro se subía en sus rodillas; entonces esos ojos opacos cobraban el brillo de años anteriores y hasta esbozaba una sonrisa. Decidió aguantar unos meses más en ese preciso momento.

8 comentarios:

laindefensiónaprendida dijo...

Tus textos son tan superbuenos que, aunque esté pensando en cosas del ahora mismo, me hacen casi siempre llorar.
¡Enhorabuena excelente escritora!.
Inde
P.D.: Espero que estés mejor¿¿??

gloria dijo...

Precioso, siempre me haces pensar.

Isabel Martínez Barquero dijo...

Cómo has penetrado en su interior a través de aspectos externos.
Precioso.
Abrazos.

bambu222 dijo...

Gracias lainfefensiónaprendida pero exageras,aunque agradezco tus palabras,me animas a seguir adelante.Besos.

bambu222 dijo...

Gloria,cuánto tiempo,me paso por tu blog,llevo un tiempo casi desconectada,pero no olvido el viaje a Granada donde volveré muy pronto.Abrazo.

bambu222 dijo...

Hola Isabel,te diré que al hombre sentado se le agotó el tiempo,se fue sin saber que alguien totalmente ajeno lo observaba de cerca.Gracias por pasarte.Besos.

Gemma dijo...

No hay como la alegría que dan los pequeños para contagiarse de ganas de vivir. Muy bien descrita toda la escena, querida Bambú.
Besos

bambu222 dijo...

Querida Gemma,ahora veo a su mujer por el barrio y parece haber retomado la vida,Un abrazo grande.