Tuvieron que quemarme un día de viento de levante. ¿Resistirán mis cenizas? ¿O acaso serán tan frágiles como mi corazón? Quisiera quedarme en aquella playa, la de los amigos, los primeros bailes y los furtivos besos, la del cable de mineral oxidado, las casetas de baño de suelo de cemento y bombilla desnuda; la de serias competiciones; la de las púas y saltos en cadena; la de los días larguísimos hasta el atardecer cuando el mar recogía lo olvidado en la arena o nos devolvía pequeñas conchas y piedras suaves con su cadencia. Ahí quiero estar para que el agua salada me cobije.
8 comentarios:
Muy bonito el texto.Quisiera que mi ultimo refugio fuera venecia,pero a sdaber cual sera la ultima carcajada del destino
Besos
Juanjo,hacía un día que había muerto un amigo,nos viene grande la muerte.Abrazo.
Preciosa imagen, para perderse en ella.
El texto, tras leer tu respuesta a Juanjo, me impacta aún más.
Llevas razón: la muerte siempre nos viene grande.
Un abrazo muy fuerte, Bambú-
Precioso, me has hecho recordar momento inolvidables y por supuesto yo nunca “ si puedo” me alejare de esas arenas.
Un beso
Comparto los comentarios de los demás. Bonito, sentido y muy bien escrito.
Abrazos!
Isabel,la lástima de todo esto es
no decir lo que hay que decir en el momento adecuado,ya es tarde pero así rindo mi pequeño homenaje
a uno de mis mejores amigos de hace años.Abrazo.
Gloria,tú si que sabes de lo que hablo porque supongo que habrás paseado y disfrutado de esta playa aunque hoy hay menos arena,más edificios y más suciedad pero los atardeceres iguen siendo igual de bonitos.Besos.
Querida Gemma,volvemos a la rutina;supongo que habrás disfrutado mucho estas vacaciones.Te quedan pendientes las mejores playas,ya sabes...
Gracias por tu comentario.Cuando
nos dejó el amigo, volvió el pasado tan presente como si fuera hoy.Muchos besos.
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