
Mi belleza, un tanto ajada, no se ha perdido, aún resisten el Khol de mis ojos y el rojo de mis labios a la lluvia o al implacable sol. Ni siquiera el viento tenaz ha logrado descomponer mi peinado, tampoco me han salido canas. Aquí, erguida, resisto el paso de los años, las miradas curiosas de los visitantes asombrados de mi orgullo y mi fortaleza ante las inclemencias de este clima a veces tan malsano. Por la tarde, cuando el cielo se tiñe de rojo me gustaría tener alas, escapar de esta tela oxidada que me aprisiona, del traje de yeso que envuelve mi torso. Luego, llegada la noche, cuajada de millones de estrellas, reflexiono y pienso que aquí no se está tan mal.
4 comentarios:
Nada mal. Basta ver la sonrisa que se le insinúa (y casi desparrama) para convencerse de ello...
Más besos
Me ha encantado la historia y la foto.Que enigmatico todo
Besos
Gemma esta foto es de un lugar en la carretera de Cabo de Gata,había esculturas bastante extrañas que hablaban de como podría ser su autor o autora,pues eso, que me salieron estas palabrillas.Abrazo.
Hola Juanjo,realmente no conozco la verdadera historia que supongo debe ser interesante, seguramente la realidad tendrá mucho más que decirnos.Besos.
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