fortuna
Wolf Vostell
1958

Se paseaba sobre la redondez de la tierra desplegando su nave en terrenos movedizos arrojando al azar males y venturas. El cuerpo de él se enfrió. Sus órganos acabaron en unas neveras azules y blancas que unas manos nerviosas depositaban en distintos aviones para viajar a otros cuerpos que ansiosos esperaban la generosidad de la familia del difunto. Gozosos recibieron este regalo. La fortuna asestó un golpe inesperado cuando todos los receptores murieron en pocos días por una extraña enfermedad no detectada en el momento de la muerte del donante.









