domingo, 12 de abril de 2009

Retamar



Al fondo siempre, nuestro querido Cabo, observando el otro compás de la vida.


El "castillo" seguía allí, azotado por el viento.












A pesar del implacable sol y del viento que ese día estaba particularmente tormentoso, el cielo
lucía sus mejores galas.
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Ahí están, erguidas, estilizadas tras el ataque del picudo y el inclemente viento de levante, rompiendo su traje marrón el azul del cielo, resistiendo.







































































































































































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